El proyecto de la estación intermodal lleva en mente de las administraciones públicas desde hace ya más de 25 años. Un proyecto que quería llegar a la par que el AVE pero que obviamente no pudo ver el futuro ni alterar su esencia de ser una obra para el turista, una obra bastante fea. En esta entrada cuento cómo avanzó el proyecto desde 2001, qué problemas va a tener y por qué la Xunta pisa el acelerador con la intermodalidad.
Contexto histórico: más de 25 años con esto
En
mayo de 2001, el alcalde de Coruña por ese entonces, Paco Vázquez; conselleiro de Política Territorial, Obras Públicas y Vivienda de Galicia, Xosé Cuíña y director de RENFE (cuando solía ser la empresa administradora de la infraestructura ferroviaria), Miguel Corsini se reunieron para dialogar sobre la viabilidad del proyecto: sale adelante. En
2004, dicho alcalde anuncia un principio de acuerdo entre RENFE y el Ayuntamiento, se sugiere que el edificio histórico sea un centro comercial —cómo se nota que el Marineda City aún no existía— y que el Ayuntamiento gestione el complejo de transportes. En abril de
2006, el nuevo alcalde de la ciudad, Javier Losada, sugiere el futuro de la estación de autobuses de la calle Caballeros, que tendría que ser
decidido entre la Xunta y el Ayuntamiento, ambos propietarios. Meses después, en septiembre de 2006, comenta que el solar de la estación será reconvertido para la
construcción de edificios residenciales baratos, en pleno boom de la construcción. Pretendía que la obra de la intermodal se terminase para la llegada del AVE, que llegaría con un atraso importantes por las decisiones de Fomento para
establecer el ancho de vía ibérico dentro de Galicia durante el periodo tardío de la crisis del 2008. En 2007, resurge el proyecto de construir un metro ligero o
red de Cercanías en el área metropolitana. Así, Losada proyecta que la estación ferroviaria sea
el nodo de la vértebra que cohesionase el área metropolitana. Énfasis en esto: no solo pretendían crear el ansiado metro ligero, sino que la Intermodal iba a ser diseñada para el ciudadano coruñés, no para el turista.
En el contexto de la Gran Recesión, la postura de los socialdemócratas y nacionalistas cambia abruptamente: en la cámara municipal se decide aplazar el proyecto a varios años vista y el gobierno autonómico alude a inviabilidad económica por los proyectos de metro ligero en La Coruña y Vigo. Esta posición se repite de un modo similar con los populares. Este proyecto se remonta a los años 2000, de una propuesta del Ayuntamiento de Betanzos y había sido acogido por los ayuntamientos de Coruña y Ferrol a lo largo de los años. Junto al proyecto del AVE (LAV), sirve como pretexto de la supuesta necesidad de la intermodal.
Cabe destacar que originalmente la iniciativa de la intermodal era del Ayuntamiento, no de la Xunta ni de Fomento (ahora MITMA), aunque esto cambia con el paso de los años y cambios en las legislaturas. Se puede observar, en las declaraciones de todos los alcaldes y grupos municipales que su prioridad era intermodal a la llegada del AVE, no la infraestructura del transporte por carretera.
Eventualmente la estación acaba perdiendo relevancia en los próximos alcaldes (
Negreira y
Ferreiro), con ritmo lento y acorde a los retrasos de la llegada del AVE. Mientras tanto, la Xunta toma relevo del proyecto que naturalmente al
Ayuntamiento no le interesa invertir-gastar, ya que no tienen competencia sobre el transporte interurbano (otra discusión importante) ni el ferroviario: solamente en relación al tráfico urbano. En el resto de ciudades gallegas
avanzan los proyectos, aunque siguen sin estar acabadas (excepto Vigo-Urzáiz).
Finalmente, el gobierno de Inés Rey hereda el comienzo de la intermodalidad en Coruña. Ya sin vuelta atrás, la Xunta pisa el acelerador con la inminente llegada del AVE a Ourense en múltiples ciudades gallegas (Pontevedra, Santiago de Compostela y La Coruña). Su gobierno proyecta que, ante esta futura realidad, en una ciudad cuyas necesidades y problemas han cambiado tanto, los cambios en la movilidad urbana tienen que cambiar. Los viales de la avenida de Arteixo con la avenida da Sardiñeira y su desconexión con la ronda de Outeiro fueron planificados para que tengan el menor impacto posible, aunque no eliminarlo. Ellos mismos son conscientes que el tráfico va a ser más denso y, cuanto más se acerca la fecha, más intentos hacen para mitigar el efecto. Las peleas entre administraciones tampoco han sido pocas en el último tramo: el gobierno de Rueda no ha sido precisamente suave con las otras dos administraciones encargadas del proyecto, hasta tal punto que va a abrir la intermodal por cuenta propia, aunque técnicamente ninguna administración terminó el proyecto en plazo. El Ayuntamiento destaca la importancia de las obras en la ciudad en sí porque —teóricamente— cosen las brechas físicas entre los barrios de la zona.

En resumen, el proyecto ha pasado por muchas manos y cambios desde espectaculares a cuestionables.
Las claves, ¿qué es lo que no va a funcionar y qué es peor?
Conociendo a las chapuzas de movilidad hechas por personas que no utilizan otra cosa que no sea el coche y el avión, es fácil determinar que la obra está hecha para el turismo. Pasa que, esta predisposición falló en el momento en el que creyeron que su visión era atemporal: la ciudad ha cambiado tantísimo en 26 años, que las necesidades de la población no son ni de lejos las mismas que las que proyectaban estos políticos con el auge de las líneas de alta velocidad. Inicialmente no se declaró que el transporte metropolitano no iba a utilizar esta obra, pero era cuestión de tiempo que eso pasase y luego rectificasen. Y así fue, tras comentárselo a familiares y a amigos mi predicción se hizo correcta. Entonces, dicho esto, partamos de una enumeración clara y estructurada:

En primer lugar, la ciudad ha crecido y su área también: el crecimiento poblacional constante los cambios en la oferta educativa y laboral, el Marineda City... Es más, el transporte urbano es remodelado en función del progreso y desarrollo de la ciudad, y no ha sido poco; el
último gran cambio fue en 2008 y fue un éxito que fue dilatándose hasta romper con la capacidad de la red. Por este motivo, la equívoca visión de atemporalidad que no encaja con la realidad y demanda de la población hacen que esta obra no sea útil.
En segundo lugar, los tiempos de viaje del transporte metropolitano aumentarán ya que el constante tráfico procedente directamente de la Alfonso Molina hacia la intermodal y desde otros 5 vías importantes más lo van a ralentizar muchísimo más. Así, los desvíos innecesarios, curvas y —temporalmente— obras sin ejecutar por la prisa de la Xunta van a contribuir a que se dificulte la fluidez del transporte. Las rutas que realizarán pasan la mayoría por intersecciones semafóricas de relativa complejidad. Afortunadamente, no tendrán que acceder a la sección de dársenas, aunque eso significa que la obra es virtualmente inútil para la mayoría de usuarios del transporte interurbano. El nuevo corredor recorrerá más distancia y pasará por tramos de mucha mayor pendiente, consumiendo más combustible, propiciando el desgaste de los vehículos y siendo incómodo para los viajeros.
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Negro: tramos comunes Azul claro: corredor este actual (ida y vuelta) Azul oscuro: corredor este nuevo (excluye destino Betanzos y Ferrol que sí entra a la estación) |

En tercer lugar: lo que se ignora, que es la verdadera intermodalidad entre metropolitano-urbano. Las líneas de bus urbano que pasan por la ronda de Outeiro ya están lo suficientemente saturadas y, ahora, con la estación intermodal, lo estarán más. Se sabe de sobra que aquellas rutas se demoran más en llegar al centro (usuarios interurbanos) y, como ya he mencionado, el flujo de tráfico se verá reducido substancialmente en un área ya perjudicada por el ruido y la congestión. Además, la avenida de Arteixo ya se colapsa con regularidad de aquellas personas que vienen de Arteixo, el Marineda City o Los Mallos; los autobuses y autocares que quieran acceder a la intermodal sufrirán mayor demora. Están excediendo la capacidad de las vías y el orden natural de la ciudad. Los accesos a pie, dinámica lenta del barrio y ciclista se verá reducido por el relieve. Además, el transbordo entre la estación de autobuses nueva y las paradas autobuses urbanos es mayor al transbordo entre la estación vieja y las paradas de autobuses urbanos. El concepto de intercambiadores ya está llegando a Coruña y será en
Plaza de Ourense-
San Diego.
En cuarto lugar, la poca demanda de intermodalidad frente a la de servicios. La intermodalidad es necesaria en zonas con conexiones interurbanas sin ferrocarril, agiliza los movimientos. Sin embargo, la intermodalidad es posible cuando hay poblaciones a las que conectarla. Aparte del área metropolitana, la única zona que puede verse beneficiada de esta inversión/gasto es Ferrol, cuyas conexiones son lamentables. Con la deseada construcción del bypass de Betanzos y electrificación de la vía alcanzar un servicio ferroviario regular y rentable harán la intermodal obsoleta. La Coruña simplemente no tiene esa necesidad, especialmente porque las estaciones estaban ya prácticamente juntas, separadas por una autovía.
En quinto lugar, la estación
per se parece haber sido intencionada para el coche,
ADIF solicitó la ampliación del aparcamiento a casi el doble,
habrá más accesos y pasarelas para el coche que para el autobús (sólo 1) y unos
carriles bici al lateral contrario de la vía en la avenida da Sardiñeira, obligando al coche y al autobús a frenar constantemente para poder avanzar en bicicleta, poniendo en riesgo la seguridad del peatón y el ciclista, además de empeorar la situación del tráfico. Sin embargo, el entorno de la estación, ya consumida por el ruido, el automóvil y la congestión, no parece estar adaptada para ningún público humano. No parece tener un
espacio humano nuevo ni integrado; la plaza de San Cristóbal podría haber recibido una pequeña ayudita, la avenida del Ferrocarril está llena de baches de tanto vehículo pesado pasando por ahí desde que hay obras y no hay un
espacio diáfano, silencioso y cómodo donde esperar tranquilamente, además de que toda nueva construcción es un bloque de concreto sin loseta bonita o identidad. La mala integración de la estación de trenes con la estación de autobuses será notable: basta que digan que hay una pasarela que dan a un vestíbulo vacío y unas escaleras que dan lugar a
un jardín más pequeño que un autobús para llamarlo integración. Pero no esta integrado ni con la ciudad ni el complejo entre sí,
está segregado: son dos edificios diferentes muy juntos, casualmente como la antigua estación de autobuses y la estación de trenes. Otras ciudades como
Vigo (que tiene otros problemas como el desinterés de los arquitectos por la capacidad) o
Lugo (aún mayor falta de servicios) tienen diseños que si está cohesionados con el entorno, incluso con una orografía más complicada que la coruñesa.
Obsesión con la intermodalidad
Mucha gente desconoce por qué la Xunta empieza a invertir de golpe en infraestructura intermodal y a exigir inversión intermodal, no sólo en ciudades, sino en
pueblos y
aldeas también. Hay una respuesta concisa a ello, la
Estratexia Galega de Mobilidade dicta una serie de pautas para mejorar la movilidad a nivel autonómico. En mi opinión el documento no sirve de utilidad y representa una amenaza a los intentos de divergir fondos a otros métodos de transporte porque ignora el hecho de que cada ciudad tiene una morfología urbana distinta y hace oídos sordos a los problemas reales de servicio del transporte interurbano, especialmente intracomarcal. Cada municipio tiene que exigir al gobierno autonómico unos servicios de transporte público de calidad, en vez de transferir las competencias. Así, se ignoran los casos de aquellas ciudades que no precisan de una estación intermodal y de los municipios que reclaman servicios supramunicipales. En el documento también se destaca la "reducción de desplazamientos", evitando por completo las necesidades de la ciudadanía. Las pocas partes del documento que sí dialogan de alternativas de transporte no hablan de actuaciones en nuestra población, sino que otorgan una guía que puede ser completamente ignorada por políticos. Hay que destacar que, incluso con
intentos de crear servicios de cercanías y alternativas de movilidad en la autonomía por parte del Gobierno central y ayuntamientos, la Xunta ha negado la necesidad de esta inversión. En resumen, que sin servicios cualquier inversión de infraestructuras es inútil. Y no, decir
que se levanten antes o esperen más para coger el bus y no ofrecer soluciones no es una opción, conselleiro.
Sólo espero equivocarme en mis predicciones.